Historias de vida en Metalcoop

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MICAELA

Micaela Sarmiento tiene 23 años y vive en el barrio Pucará. Ingreso al Programa Argentina Trabaja en el año 2012; nació en la Ciudad de San Luis y  tiene a su cargo a sus padres. Su padre es jubilado y su madre ama de casa; su padre necesita diálisis mensualmente. Es la hija menor de cuatro hermanos y es la más joven de los integrantes de Metalcoop.

Micaela abandonó sus estudios secundarios en octavo año, a la edad de 15 años y se dedicó a trabajar de manera informal en comercios y tiendas de la ciudad, también realizó changas de servicio doméstico y cuidado de niños. Micaela dice que “…No he conseguido trabajo debido a que no he podido finalizar mis estudios secundarios”, hoy está inscripta en FINES ansiosa por poder comenzar.

Dentro del Programa Argentina Trabaja, aprendió a realizar conexiones domiciliaras de agua y aprende el oficio dentro de la metalúrgica, trabaja en trazado y corte, maneja la amoladora y trabaja en abocardado. “El programa apareció justo cuando más lo necesitaba... Le pongo muchas ganas, porque es mi único trabajo, mi oficio es de peluquera pero mi trabajo está en la metalúrgica”.

Al principio no entendía nada de que se trataba una cooperativa, después me comencé a dar cuenta cuando nos fueron capacitando, hoy la cooperativa es un lugar de solidaridad, igual que mi familia”, dice. Micaela comenta que ser mujer no ha sido un impedimento para trabajar, al contrario ha generado un orgullo en su padre y sus hermanos. En cuanto a sus expectativas a futuro, Micaela se ve continuando en la cooperativa, mejorando sus ingresos y siendo el sostén de sus padres, “porque creemos en esto, las cosas van a funcionar en la fábrica”.

 

JULIANA

Juliana Páez tiene 50 años y vive en el Pasaje Fortuna 287. Es madre de tres hijos, los dos más grandes uno está trabajando y el otro  es desempleado; hoy es abuela de dos nietos y sus ingresos dependen del programa exclusivamente.

Ingresó en Argentina Trabaja en el año 2012, antes trabajó como ayuda económica del Municipio, en la actualidad además del Programa realiza changas de venta de pan y pastelitos. Finalizó sus estudios primarios, sin poder continuar los secundarios y hoy se encuentra en el programa de terminalidad educativa FINES.

Juliana es muy silenciosa, evita el conflicto y por eso eligió dedicarse a pintar dentro de la línea de producción, considera que: “por mi edad ya no voy a conseguir trabajo aunque no tenga ningún problema de saludDesde el 2016 vemos que el proyecto de la fábrica avanzó, tenemos más tareas para realizar y estamos ocupados, eso hace que hable menos (risas)”.

Juliana comenta: “…Me imagino un futuro en la fábrica, no en otro lado, quisiera poder tener de acá mi jubilación, la obra social me permitió realizarme una operación, de eso estoy agradecida. El futuro depende de los compañeros, de mejorar la comunicación, hablar más entre nosotros, mejorar el compañerismo…”.

 

CRISTINA

Cristina Ávila tiene 42 años y vive en barrio 1° de Mayo. Nació en San Luis, es madre cinco hijos y  atravesó momentos de angustia luego de su separación, pero se mantuvo ocupada en la cooperativa, “…Somos las primeras en llegar...”. Ahora es jefa de hogar con dos hijos menores a cargoIngresó en la cooperativa en el año 2012 y lo primero que aprendió es la importancia de la relación con sus compañeras y luego aprendió el oficio metalúrgico, a reconocer las herramientas y el uso de cada una de ellas.

Anteriormente había trabajado como empleada doméstica, comenta que el programa le sirve para salir adelante a ella y a sus hijos.  Considera que la puesta en marcha de la fábrica es una experiencia nueva, desconocida y muy buena, el cambio lo notó a partir del año 2016, porque considera que “…estamos más atentos a la producción y no hay tantas faltas”.

Es la primera vez que se encuentra ante un proceso cooperativo: “es importante la solidaridad que se ha generado. Al principio era difícil de creer en la propuesta, después cuando vimos que venía en serio nos concentramos”.

Ella se encuentra en un proceso de judicialización por cuota de alimentos, y el programa le aporta sus únicos ingresos. “Me veo dentro del proyecto, no fuera, no tengo posibilidades de conseguir otro trabajo… por algunos inconvenientes de columna y por mi falta de terminalidad educativa. Es importante tener el secundario completo, y eso le enseño a mis hijos, veo que se viene algo muy bueno”.

 

DANIEL

Daniel Morales tiene 42 años y vive en el barrio Libertad. Proviene de una familia integrada por su mamá y siete hermanos, por ser el mayor de ellos al terminar sus estudios primarios a la edad de 14 años tuvo que salir a trabajar para ayudar con el sostén de la familia.

En su niñez incursionó en el aprendizaje de diferentes actividades, entre ellas en el oficio de soldador. En la actualidad se encuentra hace 18 años en pareja y es padre de cuatro hijos menores de edad.

Sus vinculaciones laborales han tornado siempre a la realización de changas, en la construcción, pasantías y programas, durante seis años perteneció a un plan social en el cual incursionó en actividades de desmalezado de diferentes rutas de la provincia.

Desde su ingreso a Argentina Trabaja en el año 2013 considera que se le han presentado diversos desafíos, como fue asumir la presidencia de la cooperativa a la cual pertenece, la “Sargento Cabral” y  también refiere a constantes posibilidades de nuevos aprendizajes y posibilidades de avanzar para progresar. Recuerda  la realización de diversos cursos y capacitaciones, como por ejemplo en electricidad y colocación de durlock.

Incorporarse a la cooperativa es un nuevo aprendizaje porque la incursión en la metalúrgica implica reconocer de cerca el mundo de las industrias, actividad a la que nunca se había dedicado; su rol en la cooperativa es la de soldador, el oficio remonta a su niñez y recuerda todo lo aprendido para colaborar con su madre. Le gusta el desarrollo de su función.

Considera que el equipo de trabajo cooperativo de a poco se va consolidando, con esfuerzo, cumpliendo con la producción “…hay mucho por mejorar desde la cooperativa los oficios hay que aprenderlos de a poco…”, en palabras de Daniel: “Nos hace falta coraje, el impulso para animarnos a vender y a creer lo que hacemos… yo sí creo. Cuando uno se esfuerza, se sacrifica el fruto está adelante”.

 

SILVANA

Silvana Quiroga tiene 42 años y vive en barrio Rawson. Silvana  es sostén de una familia integrada por ella y dos hijas de 10 y 17 años, con el ingreso del programa como único sustento. Sus vinculaciones laborales anteriores han sido de manera informal y se relacionaban con la costura “… tenía la idea de generar un taller, idea que nunca pude concluir”.

Al ingresar en el año 2012 a Argentina Trabaja pudo culminar sus estudios terciarios como Técnica en Promoción de la Salud y Agente Sanitaria. Considera que la mayoría de los trabajos no dan oportunidad de continuar con las posibilidades de estudiar.

Ella afirma que la cooperativa recibe constante apoyo del municipio y manifiesta la cantidad de beneficios que han logrado siendo parte de la cooperativa, “esto da frutos… pero cuesta muchísimo levantarlo y es uno de los beneficios que acá no se sabe ver, pero ahora si veo un cambio de mentalidad, si no sabemos ver esta posibilidad… nunca vamos a saber ver nada”.

También considera que desempeñarse dentro de la metalúrgica ha sido un proceso de aprendizaje continuo, en su rol de administrativa se capacitó en el manejo de libros de actas, reconocimiento de las herramientas, ingreso y egreso de las mismas, elaboración de remitos,  realización de notas.

Respecto al grupo de trabajo afirma que “Se viene algo bueno, hay que ser  positivos… vamos a crecer, vamos a ser una empresa… de los sueños grandes vienen las mejores cosas”. Considera que hay muchas expectativas para continuar “hacernos conocer, eso es muy importante. Y saber de dónde venimos, y cómo éramos  y quiénes somos…creo que en algún momento vamos a contar nuestra historia… y vamos a demostrar que se puede”.

 

DEOLINDA

Deolinda Godoy tiene 35 años y vive en Constitución 371. Es parte una familia integrada por ella y tres hijos menores de edad. De su trabajo en la cooperativa proviene el sustento cotidiano. Tiene estudios de nivel primario y durante un tiempo convivió con el papá de su hijo menor, pero hace seis años que se encuentra sola.

Sus actividades han tornado siempre a la realización de tareas domésticas, que requerían mayor organización del hogar por ser labores esporádicas e informales. Desde su ingreso a Argentina Trabaja en el año 2013 considera que su situación ha mejorado: “día a día se aprende el oficio de la metalúrgica, y que por ser mujeres más de uno se sorprende de las actividades que realizan”. Deolinda considera que no ha sido difícil, porque aprendieron el manejo de las herramientas y diferentes actividades, como soldar, cortar caños y plegarlos.

Deolinda dice que desarrollar diferentes roles dentro de la fábrica le permite poder refaccionar su hogar de manera independiente. En sus propias palabras sostiene que “hoy en día me encuentro mucho mejor… he aprendido muchas cosas desde que estoy en la cooperativa”.

A futuro considera que “el trabajo de la cooperativa es un gran proyecto para seguir trabajando, salir adelante y estar mucho mejor”.

Con respecto al grupo de trabajo considera que se encuentran cada vez más enfocados en un objetivo conjunto, que es progresar: “tiramos todos para el mismo lado, si bien cada uno hace lo que le corresponde, sabemos que es por el bien de todos”.

 

MÓNICA

Mónica Garro tiene 46 años y vive en el barrio Amado Burgos. Nació en San Luis, vive con sus cinco hijos, el menor de 18 años y el mayor de 27 años. Siempre ha trabajado para mantener su familia, en la actualidad uno de sus hijos la ayuda en la economía del hogar y  ha comenzado nuevamente con la crianza de dos pequeñas sobrinas  de 7 y 8 años las cuales han quedado bajo su guarda desde el fallecimiento de su hermano.

Antes de ingresar al Programa trabajó informalmente en quehaceres domésticos durante quince años. En sus inicios dentro de Argentina Trabaja realizó diversas capacitaciones en oficios, como herrería y electricidad. Recuerda que esa etapa el ingreso era de $1200; durante el proceso de la conformación de cooperativas afirma haber sido elegida  como presidenta de la cooperativa “San Martín” y argumenta: “Llevo cuatro años y no me han cambiado, se ve que me quieren los chicos…”.

Ella cuenta que nunca se imaginó como parte de una cooperativa, mucho menos se pensó en una metalúrgica:  “todo esto lo aprendí de cero, porque toda la vida trabajé en casa de familia, pasando trapos, lavando, planchando, limpiando y jamás pensé que iba a usar una amoladora, una soldadora, una plegadora. Hoy en la coope estoy en distintos sectores, pero lo que más me gusta es amolar…”. Dice que sus compañeros le enseñaron a realizar todas esas actividades, sostiene que después de todas las situaciones vividas se siente feliz con su trabajo y considera que allí tiene  a su segunda familia.

Considera que la inauguración es un paso muy importante para todos “vamos a estar súper nerviosos todos…hablar con nuestros futuros clientes para que conozcan nuestra producción, lo que hacemos en el taller… es un paso muy importante para todos. Además en un futuro esperamos que crezcan las ventas para tener más producción”. En tono de chiste comenta que por ser la mayoría mujeres: “nosotras tenemos la fuerza y nos sentimos muy orgullosas también de nuestros compañeros, no los podemos dejar afuera”.

 

NATALIA

Natalia Cortez, tiene 28 años vive en barrio Florencio Navarro. Vive con sus cuatro hijos menores de edad en la casa de sus padres tras haberse separado de su pareja por padecer situaciones de violencia cuando estaba embarazada de su hijo menor. Todavía no ha podido finalizar sus estudios secundarios ya que debió abandonar tras el nacimiento de una de sus pequeñas quien padece una discapacidad. Sus padres han colaborado siempre en la crianza de los niños y desde que ingresó al programa han sido eslabones que la continúan ayudando en la organización de su hogar.

Desde que ingresó a Argentina Trabaja en el año 2012 trabajó refaccionando una biblioteca en el barrio San Martín, luego recuerda como fue el traslado hacia la metalúrgica: “me acuerdo cuando Diego el encargado nos dijo que íbamos a venir acá a probar con la metalúrgica… todas nos sorprendimos, porque mujeres en metalúrgica… vos decís no va…”. Pero a pesar de ello considera que aprendieron el oficio de soldar y pintar.

Su rol es en el sector de pintura que le enseña cosas que nunca pensó hacer “ jamás pensé que iba a cortar chapas con la guillotina, pintar con sopletes. Todo lo aprendí acá  y hoy  lo estoy haciendo”. Su familia está orgullosa de todo lo que ha logrado y es todo un desafío  para ella como mujer porque es el único sustento económico. Afirma: “Siendo mamá soltera y ahora teniendo este trabajo, que yo sé que puedo mantener a mis hijos, me siento segura, porque sé que puedo darles lo que les hace falta”.

 

SOLEDAD

Soledad Minicucci tiene 27 años y vive en 25 de Mayo 2216. Es mamá de mellizas de 2 años, convive con su pareja y su mamá; entre los tres colaboran con la economía y organización del hogar. Desde los 16 años ha realizado trabajos informales como promotora de una discoteca, en tareas domésticas en doble jornada. Desde que ingresó al programa participó de la recuperación de la biblioteca San Martín y el proceso que se generó desde allí. Luego comenzó en la metalúrgica.

Durante el año 2016 finalizó sus estudios secundarios y ha tomado diversas capacitaciones en cooperativismo, promotora de salud, construcción, RCP, en ventas y marketing. Considera que quiere ahondar en esta última alternativa ya considera que le sirven las herramientas para el trabajo que desarrolla en la metalúrgica y le interesa.

Recuerda que en los inicios de la cooperativa no comprendía de que se hablaba comenta: “Todo lo que nos ha pasado es un progreso de acá a la China… no entendía nada… yo decía qué será una cooperativa; igual cuando hablaban de la presidenta, la tesorera…” pero ahora sostiene que todos tienen en claro de qué se trata, con respecto a los valores solidarios “más allá de todo somos solidarios y cuando pasa algo malo o ante una necesidad todo los cooperativistas siempre tratamos de estar para apoyarnos”.

Con respecto a qué necesitan mejorar dentro de la cooperativa y el proyecto afirma: “que el espacio para hablar es lo que cuesta un montón, ese espacio cuesta un montón porque siempre hay pensamientos diferentes”. Propone que para cambiar hay que fijar límites justos, equitativos y el coordinador o Mónica es el encargado son los encargados de delimitarlos.

Ella manifiesta que en un futuro sus deseos están enfocados en la fábrica, que es su proyecto y le genera ansiedad todo lo que la espera “desde que empezamos desde cero…la venimos remando bien, nos salió de la nada a mucho… la mayoría del grupo lo vemos así”. Y prepondera el rol de las mujeres en la cooperativa por sobre los hombres.